viernes, 11 de septiembre de 2009

Materia inconclusa


- De verdad... .- dijo el Pintor, con la mirada triste. Sus ojos, profundamente azules, reflejaban de manera evidente, el dolor de su alma.- ... me siento vacío, me falta algo. No sé si se llama inspiración, creatividad... Alguna pieza hay, dentro de mí, que no acaba de encajar. No soy capaz de expresar, no puedo llegar a plasmar en mi lienzo lo que llevo dentro. Me cuesta pensar, me niego a creer que no tengo nada que ofrecer, pero así es como me siento.

La Escritora miró de frente, y se vió reflejada como en un espejo. Obsevabó un leve detalle, las manos del Pintor estaban caídas a lo largo de su cuerpo, como las de un guerrero que al acabar la batalla mira a su alrededor, y ve que no hay nada más que hacer en el lugar donde se encuentra. Sentía admiración y simpatía por el Pintor. Le dolía verle así, derrotado. Le dolía más por sentirse ella de la misma manera.

-No te preocupes, es cuestión de tiempo, la racha pasará, y verás como es pronto.

-Sí, dijo él, eso me dice todo el mundo, pero, ¿sabes una cosa?, no me consuela. Necesito pintar, de la misma forma que necesito respirar. Si no respiro, me ahogo, de igual manera, me estoy ahogando por no poder crear.

- Mira, ya tenemos algo claro, sufres "asfixia creativa". - Ambos tomaron la broma con agrado, y consiguieron reirse un momento de la situación. - De todas formas, no soy persona de esperar a que ocurran las cosas, hay que hacer que sucedan. Como te dije una vez, "que la Inspiración te pille pintando, y a mí escribiendo".

Acabaron las bebidas que tenían en la mesa, y cada úno regresó a su vida. Llegó la noche, y el Pintor sacó sus bartulos, se puso frente al blanco, con la mente llena de colores, formas y sentimientos. Comenzó por pequeños trazos, un esbozo de algo que estaba rumiando hace algún tiempo. Lo intentaba, pero seguía sintiendo ese vacío, esa pieza del puzle que no acaba de encajar. Sí, tenía toda la técnica del mundo, había estudiado en los mejores lugares, con los mejores maestros, pero le faltaba la chispa que distingue a un simple cuadro de una obra de arte. Como venía siendo habitual en los últimos meses, llegado casi a la mitad, el vacío ganaba la batalla, la rabia le cegaba, y en medio de la desesperación tomaba una brocha, y con pintura negra hacía un garabato grotesco sobre lo que había en el lienzo. Así transcurrían los días, unos más llevaderos que otros.

La Escritora, por su parte, tampoco se veía en mejor situación. Sentada frente al teclado, o libreta y lápiz en mano en otras ocasiones, se exprimía el cerebro, intentado seguir con la historia que tenía delante. Los personajes de su novela estaban quietos. Parecía que alguien había pulsado el botón de pausa, y no podía hacerlos evolucionar. No los sacaba de donde estaban. Leía, releía y llegaba a la última página que había escrito. No encontraba la fórmula para crear un punto y seguido. Le aterrorizaba haber llegado a un punto final de esta manera, una obra inconclusa, como los cuadros a medio pintar de su amigo el Pintor.

Llamó a la puerta de su estudio, y lo encontró trabajando. - Necesito que me hagas un favor, - dijo la Escritora,- déjame ver tus cuadros mutilados. Quiero contar su historia, quiero expresar con mis palabras lo que no veo, quiero dar voz a tus pinceles. -De acuerdo, dijo el Pintor, no te servirán de mucho, pero si es lo que quieres, quedan a tu disposición. No son valorables, están pintados con atención, pero sin sentimiento. Son incapaces de transmitir. Vacíos, como yo me siento...

La Escritora fue admirando , aun con los borrones negros, las obras del Pintor. Su mano era tan grácil, que incluso sin sentirse inspirado, creativo, era capaz de plasmar en las telas unos trazos perfectos. Ella sí percibió el alma del pintor en esos cuadros inacabados, reflejaban su estado de ánimo, parecían parados, en pausa, como sus personajes, y contemplándolos durante un rato, sin pensar en nada en concreto, dejó volar su imaginación. En su cabeza, comenzó a percibir en movimiento la última escena, comenzaron a surgir conversaciones, lugares diferentes donde podían pasar mil cosas, situaciones que tenían continuidad... Una sonriza empezó a tomar forma en su rostro, sus ojos se iluminaron. Un chasquido de dedos en su mente, al contemplar la obra de su amigo, hizo saltar la chispa.

- Te ríes, -dijo él - ... y no es de extrañar. Todo ésto es porquería. Tiempo perdido.

- Te equivocas, Pintor, y no sabes cuánto... Necesito que me hagas otro favor, y sé que es mucho pedir: dibújame a mi protagonista. Te traeré lo que tengo escrito, ponle cara. Quero que de tu alma salga la portada de mi libro.

3 comentarios:

  1. Hay q jod... ¿De dónde sacas tanta imaginación?

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  2. Simplemente genial. Creo que hay un potencial a ras de agua que deberías seguir explotando. No permitas que nada eche tanta porquería a tu inspiración que necesites una excavadora para recuperarla algún día. Un Beso.

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  3. Gracias, a los que publicáis los comentarios, y a quienes lo hacen en privado.
    M.

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